
llamaste a la puerta de mi mesura,
sin saber cómo en mi vida entraste,
y en el conocer nació nuestra locura.
Vivíamos apasionados,
sin llamar entró la razón,
la cordura fue prisionera,
nuestro desatino quedó cautivo…
y nuestra locura presa.
Juicio tuvo sin perdón,
muerte fue la condena,
la pena nos separó.
Nuestra locura murió…
¡qué pena!

Poema propio.
Fuente de la imagen:
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