20181111_225223.jpg

Antes de que la memoria me olvide,
recordaré aquel momento,
de aquel señor
y sus palabras cortas,
que nos pudieron y cambiaron la vida,
sin esperarlas
ni haber ido a su encuentro.


Todavía siento a aquel hombre de seria apariencia,
recto criterio y claros pensamientos,
sin desafío en su fija mirada,
y lleno de momentos tiernos.

Cómo pasó el tiempo…
solo treinta años
desde aquel pequeño encuentro.

Me acercó a su vida,
si quería trabajar, me dijo,
donde él vivía…
si quería ser servil, sin ser siervo.

Su petición atendí
hasta este instante,
que con respeto estoy escribiendo.

Aunque se va marchando la vida,
aún, señor, sigo viviendo.

Antes que la memoria no recuerde,
gracias le doy por el momento
en que me dio la vida y a mi gente,
durante tanto y tanto tiempo.

Gracias, señor Domingo,
por haber formado parte
de aquel ya lejano
y pequeño encuentro.

Aunque ya no esté presente,
sirvo y servirle quiero
en su bendito cielo.

3630802nuj8nmfdnt.gif