
de la tierra mojada en la piel
cuando el rocío
aún en la hierba descansaba.
Los grajos en el viento
esparcían sus gemidos,
el grillo ya permanecía
callado y escondido,
el sol asomaba en el horizonte,
y el orgullo del gallo
despertaba el alba con su canto.
El silencio de las olas
como único ruido,
la vida se hizo más vieja…
otro día en mis ojos
comenzaba su destino.
Así quise despertar de mi letargo,
amandome sin reparos
hasta que la muerte fuese
parte de una bella obra
que nace con su principio,
y termina con su acto.
Sentí el perfume de la vida
cuando en un amanecer,
solo y conmigo,
por mi mente anduve paseando.

Poema propio.
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