
en él dejé perdidos todos mis recuerdos,
a la sombra de un infinito horizonte donde la luz del sol despertaba su amanecer ya despierto.
El agua calmaba el resplandor,
las nubes caminaban dibujando su esplendor,
se paró el mundo,
y en la quietud de la vida
quedé preso.
Sumergido en el instante
quise para siempre vivir en el paisaje,
sólo… con mi libro y yo.
Poema propio.
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