
Quise cantar una nana,
a un perdido recuerdo,
donde la niñez marcha temprano,
y con ella sus viejos cuentos.
de gallinas, pavos y cerdos,
pueblo de matanzas en el crudo invierno.
Un anís seco mojaba gargantas,
solo el cochino estaba sereno.
Animal, cebado y revoltoso,
que quedaba sujeto hasta quedarse quieto.
En la mesa sollozaba gimiendo,
rezando boca arriba
y mirando su morro al cielo.
Un cuchillo afilado
sin piedad troceaba el cuerpo.
El más novato,
vueltas daba al rabo,
recogían otros los brotes de sangre
sin manchar el suelo.
Aún escucho aquel chillido,
que despertó
hasta el mismo infierno.
Acabada la tortura,
y llegado ya el silencio,
se comía,
entre risas y festejos.
El cerdo ya no vivía,
el seco anís… hizo su efecto.
Todos trabajaron al muerto,
los jamones en sal,
y colgadas,
las morcillas y chorizos en el tendedero.
La matanza terminó,
con dolor en la cabeza y el alcohol en el pecho,
hasta el próximo invierno,
despertando con el mismo sueño.
Nunca pude dormir más,
no sé quién fue más animal,
si las gargantas sedientas,
o aquel cerdo muerto.
Poema propio.
Fuente de la imagen:
https://www.molidelsfanals.com/en/pig-slaughter/

