
Jóvenes inocentes de piedra y losa,
prisioneros en la cárcel del tiempo,
donde el hacer, era nada,
y el vacío de los días …
se perdía sin recuerdos.
fuimos lejos sin destino,
corrimos en anchos campos
volviendo a serlo… sin ser niños.
La alegría despertó en nosotros,
penetró el olor de la tierra y sus entrañas,
escuchamos las espigas y el sabor de su silencio,
Alertó una voz profunda:
Era el amo, sin tener que serlo,
nos alejó con cruda mirada y tres palabras al viento:
Id a vuestro lecho,
que de él y de estos campos,
soy yo… su único dueño.
Poema propio.
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