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Salimos de nuestro infierno,
más pegaos que una lápida en un cementerio.
Pa ganar algún dinero
pusimos una consulta,
y una puerta con misterio,
que decía en letras grandes:

Curamos solo traseros.



Un mes tardó nuestro primer enfermo,
se bajó los pantalones y auscultamos el evento.

Cuál fue nuestra sorpresa,
que en vez de un culo
era un enorme florero.

Arreglamos sin dolor el problema,
y ya todos… fueron nuestros.

Nos hicimos de diamante y oro,
como el traje de un torero,
no volvimos nunca más y
desertamos del fuego.

Nos quedamos la herramienta que curaba tanto enfermo,
y es que con el tridente,
no había almorrana,
que en su culo… no estuviera dentro.

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