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Abracé la vida
cuando quedaba ya lejos,
acaricié su amor
cuando se me hizo viejo.

Elegí ser feliz
sin saber cómo hacerlo,
me cansé de tanto sufrir,
de tanto no vivir,
olvidando un pasado
que hasta hoy no sentí
sin haber sido nada cierto.

Abracé a la vida,
escribiendo en un papel
lo que nada fue y ahora siento.

Tristes y alegres palabras
contaron algún que otro cuento,
aprendiz de vida quedé
y en maestro de desencuentros.

Subí al tren de la esperanza
cuando sin parada en mí…
el destino se estaba yendo.

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Poema propio.
Fuente de la imagen:
http://blogs.elespectador.com/cultura/lloronas-de-abril/predestinacion