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La brisa olía a sal en mi sonrisa,
el atardecer acariciaba mis brazos
y en mis ojos,
las arrugas de la vida
quedaba reflejada en un lejano horizonte,
que poco a poco iba marchitando.

El romper de las olas tocaban su poesía,
en la orilla sus versos dormian
que recogidos en mi pensamiento y a escondidas,
sin saber por qué,
mi mano sin sentido escribían.

Navío sin rumbo en un mar de soledades.

Náufrago quise ser en él,
para morir en la tierra
que con tanto dolor dejé.
¡Ay, tierra! que me vio nacer.
Tierra que en mí corazón…
nunca abandoné.

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Poema propio.
Fuente de la imagen. Propia.