
Nos acostumbramos a no escucharnos,
a no sentirnos,
a dejar de querernos y no soportarnos,
a convivir… con algún inocente engaño.
Nos quisimos demasiado
para terminar sin perdonarnos.
Quise de la noche romper su silencio
y con mis manos volver a tocarte,
apretarte entre mis brazos
y besar tus piernas con las mías de nuevo.
Sabanas arrugadas,
manchadas de nuestro amor secreto
que vivían la madrugada y que de día…
eran deseo.
e
Poema propio.
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