
que aquel solitario momento de ensueños,
mi aliento derramaba
el aroma del alcohol,
en el aire solo se escuchaba
sosiego.
Sobre la mesa el último cigarro,
y en la mano,
un lápiz cansado y perdido
que no pudo escribir
el final de un existir
que fue quedando vacío.
Miré de frente al espejo
de la vida,
le pedí perdón,
no la quise como merecía,
y ya en mi último adiós
con el alma desnuda,
solo el silencio me acompañó…
hasta que en aquel rincón…
ya nadie vivía.
Poema propio.
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