
Dejé de vivir.
Me encontré preso de desconsuelo
en la cárcel del abandono.
No quise dejar a nadie mi aliento
De una tormentosa vida,
escondida, y de secreto sufrimiento.
Vivo en una eterna soledad,
en una oscuridad
que conmigo creció
haciéndome viejo,
aprendí con ella a no llorar más,
y a ser feliz con mi tristes recuerdos.
Poema propio.
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