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Ca Alfonso,
respiraba entre paredes blancas,
venta cordobesa,
con la mirada frente a la iglesia
de la plaza San Juan de Letrán.

Taberna era de vinos
de medio blanco y tabaco negro,
una cortina de sonoros palillos
permitian su entrar.

Sombra placentera de lugar en verano,
braseros en invierno
calmaban la estancia
cuando el frío sus ventanas dejaba pasar.

Taberna de sillas sin nombre,
de gritos, casi voces
en su forma de hablar,
un par de palmas sonoras
llamaban al dueño
cuando la bebida
había que volver a llenar.

Mesas sin manteles,
cuatro sillas de guita,
alguna tapa sencilla
y encima, el dominó o las cartas,
y unas pesetas que apostar.

Suelos cubiertos de colillas,
de sansónes de botellas,
salivas de alguna garganta
que un permitido escupiendo
se dejaban escapar.

Taberna cordobesa,
de iglesia, fútbol, toros y boxeo,
de desafíos esperados,
retos de domingo sin descanso,
y algún dinero que poder ganar.

¡Qué recuerdos!
Aún veo a mi padre allí sentado,
con la baraja en las manos,
sin horas,
y yo de pie a su lado,
por algún duro o dos reales descuidados que me pudiera por cansancio llevar.

Aprendiendo de la vida sin maestro,
siendo quizás el camarero
el más honrado del encuentro
que solo servía, sin jugar.

Taberna Ca Alfonso,
pequeña plaza de San Juan de Letrán,
cada vez que te recuerdo
llora de nostalgia mi corazón,
por unos momentos de infancia feliz,
momentos inocentes de vida…
que jamás de mi se irán.

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Poema propio.
Fuente de la imagen:
https://images.app.goo.gl/SwByic45Jgf1QB3F6