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Domingos de confesión.
¡Padre!,
Ave Maria Purísima,
sin pecado concebida.

Me he portado mal en algún momento,
a mis padres desobedecido,
algunas mentiras
en los labios sin sentido,
y en la mente malos pensamientos.

Colegio de San Rafael,
mañanas de iglesia
en domingos de rodillas y confesionario,
consagrada hostia en el altar…
y limpio ya se estaba de pecado.

Como castigo díez padres nuestros,
un Ave Maria…
todo con Dios arreglado.

Una razón poderosa,
la pasión por el fútbol
para cada semana ser perdonados.

El maestro Don Ramón
pasaba lista apuntando.

A las cinco de la tarde
gratis nos era la entrada
en el estadio del Córdoba fútbol club,
«el Arcángel»,
si a la mísa de las once,
de principio a fin habíamos estado.

Infancia de contrastes,
descubrir el sexo en la desnudez de cualquier mujer,
y a la vez correr para besar la mano del Santo Padre cuando por la calles cordobesas
la sotana iba paseando.

Domingos de confesión,
y en la mente la ilusión…
¡otra vez!,
mi equipo ha ganado.

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Poema propio.
Fuente de la imagen:
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