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Dos retoños de mi sangre
brotaron de mí,
sin título en la pared de aprendiz ni maestro,
vivencias de un joven padre,
sin saber si hacía malo o bueno.


Educados desde el corazón.

Hijos…
pobres en la riqueza,
ricos…
en la humildad de la pobreza.

Cuando llegue ese día,
el del último beso,
el de la dolorosa despedida,
espero sientan en su alma,
el amor que a cambio de nada,
veló cualquier mal sueño.

Escrito de un cansado corazón,
con letras en sangre de amor.

Alex, Albert… hermanos se dicen ellos,
para mí siempre…
mis amigos verdaderos.

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Poema propio.
Fuente de la imagen. Propia.