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Encogido aún por esa noche eterna,
la ira de la mañana volvió a mi pensamiento,
hablaba con el odio,
me vestía en el enojo,
mojaba mi cara en agua de amargura,
quedaron lágrimas de rencor y en la toalla de la rabia secaba la locura.

La suerte vino a mi encuentro,
a nadie eché ni me echó de menos.

Me enamoré de la vida,
la hice mía,
vivimos un solo amor,
ella, yo
y mi amada compañía.

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Poema propio.
Fuente de la imagen:
http://www.palomacarrasco.com/no-soy-nadie/