
Solo veinticuatro del desencuentro.
No de tu muerte en mí…
que todavía sigues viviendo.
Marchaste con los sinsabores
que te brindó la vida,
me dejaste la mejor herencia:
ser verdad, conciencia y respeto.
Amigo sincero,
padre de mi sangre.
No olvidé ningún momento…
ni palabras ni tu cara ni tus gestos.
Cuando los años se hacen lejos,
quedan cerca nuestras almas
en nuestro nuevo encuentro.
Felicidades, papá,
hasta siempre, mi amigo
fijo en el pensamiento.
Te escribiré si puedo,
si es que no estoy contigo
en mi próximo trece de enero.
Poema propio.
Fuente de la imagen… Propia.

